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#RolEnCasa

Roloctubre 2021 – Relato participante “El monte que fui”

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Roloctubre es un evento narrativo de Rol en Casa. Hay dos formas de participación: en narrativa escrita y en narrativa oral (en video). El plazo de inscripción es hasta el 15 de octubre del 2021.

Este es un relato enviado para participar. Te invito a leerlo por completo, pues es parte de la narrativa de la comunidad. Si te gusta, comparte el artículo en tus redes o déjame un comentario donde lo hayas visto publicado.

¡Espero también participes!

El monte que fui – Relato de Roloctubre

Sé de huellas en la tierra que atemorizan al mejor de los cazadores. Son las que dejo.

Siempre me enorgullecí de saber que en mi presencia los humanos se intimidan. Aunque creo que hoy, solo es la fama de mis hazañas pasadas lo que los mantiene lejos. Ni mi aullido escapó del tiempo, y mi pelaje dista de su furioso color fuego. De cualquier manera, eso debería importarme poco. No puedo, y sobre todo no deseo, cambiar mi vida.

Flexiono mis patas y espero agazapada. Mi pecho casi roza el suelo. Me dispongo a dar el mejor de los saltos ante la primera presa, aunque no soy ya un aguará guazú joven. Eso me deja pensando, pero el crepúsculo me acompaña y los pastos altos me esconden, nada debería fallar.

Sin que lo note, pasan las horas.

Rara vez la luna se eleva tan rápido. No puedo creer que fui tan tonta y me descuidé de esta manera. Maldigo estas emociones humanas, maldigo esta nueva angustia que me aísla del monte y de mi cacería, y maldigo el momento en el que no me di cuenta que hoy era luna llena.

Tal vez si corro aun alcance mi refugio. Sólo necesito pasar la noche sin ser vista.

La blanca luz cubre mi huida, cada vez más desesperada. Sé lo que me pasará si termina de hacer su efecto. Estoy llegando, el ajustado hoyo en que me resguardo está a un par de matorrales. Pero eso no me tranquiliza. Siento en la carne que no me debe tranquilizar.

Comienzo a correr con dificultad, mis patas están cambiando. Nada importa, ya estoy aquí, lo puedo ver. Me deslizo entre unas ramas que me pinchan y rasguñan, pero no me duele. Necesito entrar. Apoyo mi pata delantera en la boca del pozo, pero este ya no está. El pánico se apodera de mí. Con mi hocico intento buscar en la tierra, ¡no me puedo haber equivocado! Pero no hay ninguna señal de mi escondite. La piel empieza a arder, y sin saberlo, doy unos pasos hacia atrás. Entonces noto la tierra algo húmeda. No estaba así hace segundos, pero sé lo que puede significar. Ruego equivocarme, y que tan solo me haya orinado del miedo. Pero no.

Al darme vuelta, vi esa tierra muerta que siempre la rodea a ella. Habría deseado no verla nunca más, pero estaba allí. Lentamente alcé mi vista, y desde sus pies, fui recorriendo la horrible imagen de aquella druida maldita que conocí de joven, cuando aún era humano, y rogaba por dejar de serlo.

El tiempo no pasa para ella, se ve igual. Una anciana con un extraño tono verde en la piel, parece podrida. Los ojos grandes y la mirada muerta, siempre muerta. Un poncho harapiento y una bombacha deshilachada. Y esa horrible aura violeta que no deja fijarle la vista.

Intento mirarla y pronuncio un gemido de dolor, le ruego que me devuelva el refugio. Pero es en vano. Metiéndose las manos en los bolsillos, me demostró que no hará nada más por mí.

Siento cómo el pelo se me mete hacia adentro de la piel. Con los dientes trato de detenerlo, pero solo logro herirme. Me esfuerzo por mirarla fijo a los ojos. Sé que ve mis lágrimas. ¿Por qué no se apiada? Esto no era parte del traro. Me pregunto si habrá otros como yo, animales que esperan su condena. Qué es este monte. Dónde he vivido todo este tiempo.

Desde un oscuro costado, escucho el sonido de algún animal hambriento, y echo a correr. Mi vista ya es mucho más inútil, al igual que mi olfato, y no puedo direccionar mis orejas. Me siento solo, y ajeno. Veo mis manos, tienen cinco dedos, son manos. Mi cuerpo se extiende desde el piso, sobre dos largas piernas. Acaricio mi piel con repugnancia, es suave.

Algo se clava en una de mis piernas, y siento desprenderse la carne. Solo me entero del dolor, y caigo al piso. Tengo un cosquilleo en el brazo, son miles de hormigas que salieron del hormiguero que aplasté, y al unísono pican, y el dolor me atraviesa hasta el último rincón. Intento quitármelas de encima, pero algunas se pegaron en la herida. El dolor me incita a gritar, pero me resisto a abrir la boca, pues ya muchos bichos caminan en mi cara. 

Entonces, un mordisco final atraviesa mi garganta, y mi dolor se ahoga en sangre humana, en medio del monte que fui.

Autor Fabricio Ceballos

*Este texto se crea para el evento narrativo Roloctubre de Rol en Casa. Por favor no reproducirlo ni copiarlo, es una creación original de un miembro de la comunidad.

Juego y narro rol hace más de 20 años. Creé la comunidad de #RolEnCasa para generar espacios de rol virtuales y presenciales, para novatos y veteranos, sin importar el lugar. Un pequeño universo rolero en el que todos podemos aportar mucho.