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#RolEnCasa

Roloctubre 2021 – Relato participante “El portador del caos”

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Roloctubre es un evento narrativo de Rol en Casa. Hay dos formas de participación: en narrativa escrita y en narrativa oral (en video). El plazo de inscripción es hasta el 15 de octubre del 2021.

Este es un relato enviado para participar. Te invito a leerlo por completo, pues es parte de la narrativa de la comunidad. Si te gusta, comparte el artículo en tus redes o déjame un comentario donde lo hayas visto publicado.

¡Espero también participes!

El portador del caos – Relato de Roloctubre

“Tiene que ser una coincidencia”, pensó el profesor Huidrobo mientras observaba los papeles que sostenía entre sus dedos. En su mano izquierda tenía una carta enviada desde la lejana Colombia, cuyo remitente era su colega y mentor Héctor Rojas. En la otra mano sostenía el periódico matutino el cual llevaba como titular: “Reconocido arqueólogo Colombiano Héctor Rojas fue asesinado tras su arribo a Santiago”. Las manos le empezaron a temblar hasta que de un salto se alejó del escritorio para ver por la ventana. Luego de recobrar la calma decidió terminar de leer la atroz noticia. Al parecer su maestro había sido apuñalado a la salida del aeropuerto y el asesino no pudo ser capturado. Luego revisó la fecha de envío de la carta: cuatro de agosto de 1973, hacía un mes. A pesar de la consternación, sintió que lo mínimo que debía hacer era leer las últimas palabras que su amigo le dedicó:

“Querido Carlos, te escribo estas cortas pero apresuradas palabras con el ánimo de advertirte del peligro que corres al seguir custodiando aquella vasija fúnebre de la cual me enviaste fotografías. Sé que lo que te digo no tiene sentido, que tu espíritu de arqueólogo te llama a estudiar dicho artefacto y que sueñas con que sea exhibida en el Museo Nacional de Chile. Sin embargo, te invito a que reconsideres tus planes luego de conocer mi historia: el mayor secreto que he guardado durante toda mi vida. 

Todo comenzó a inicios de abril de 1948 cuando recibí una invitación de parte del Instituto Etnológico de Colombia para hacer parte de una expedición arqueológica. Como sabes llevaba ya un buen tiempo como docente en Estados Unidos, en la Universidad de Miskatonic. Aunque indeciso, acepté la invitación y tomé un vuelo hacia mi país, hasta la ciudad de Santa Marta. Allí fui recibido por una delegación que incluía al alcalde y a unos académicos de Bogotá.
Luego de una cena en la casa del alcalde fui apartado a un salón privado donde se me dieron los detalles de mi misión. Fui buscado por mi conocimiento en artefactos de la cultura Tairona y también por saber el dialecto Kogi, la lengua del pueblo nativo que aún residía en lo alto de la Sierra Nevada. Me informaron que saldríamos en una caminata hasta un punto desconocido escondido en las montañas. Allí, según algunos colonos, los indígenas mantenían ocultas las ruinas de una antigua ciudad. De inmediato pensé en la mítica Teyuna, pérdida hace siglos. Al día siguiente iniciamos la travesía una comitiva de diez personas entre ellas el alcalde, policías e investigadores guiados por un indígena Kogi el cual parecía estar siendo llevado en contra de su voluntad. Finalmente, al atardecer del octavo día llegamos a una explanada de terrazas circulares que abarcaba varias hectáreas. Quedé maravillado por el estado de conservación de las estructuras en roca y en especial por una gigantesca piedra de granito cuyos petroglifos me dediqué a descifrar antes de la caída de la noche. 

La piedra narraba la historia de las guerras entre españoles y Taironas, en especial sobre la estrategia de los conquistadores para exterminar a los nativos: el culto a Altazor. Se trataba de una entidad primigenia, portadora del caos, que fue invocada para arrasar con Teyuna. También hablaba de cómo tras un ritual, los Mamos, líderes espirituales, consiguieron encerrar a la criatura en una vasija funeraria que fue enterrada en una cripta. Finalmente, luego del conflicto tuvieron que abandonar la ciudad.

Aquellas revelaciones me parecieron irreales, hasta que en la mitad de la noche nuestro guía se acercó y me dijo en su lengua: “No les ayudes a dar con la vasija, estos son los descendientes del culto a Altazor”. Aterrado, le solicité al hombre que me dijera algo más, sin embargo, nuestra conversación fue interrumpida cuando el alcalde abatió al guía de un tiro. Luego me apuntó y dijo: “Llévenos hasta la cripta”. Fue así cómo fui obligado a buscar en medio de la noche la apertura de la antigua cripta, guiado por las anotaciones en la piedra. Al cabo de un rato di con una loseta de roca cubierta por una gruesa capa de liquen. 

Poseídos por un afán irracional, los hombres removieron la tapa y se adentraron presurosos en la cripta. Yo les seguí también, llevado por la curiosidad, hasta que presencié estupefacto los pormenores del ritual por el cual consiguieron dar con una vasija y de cómo tras una serie de rezos la misma se quebró liberando una masa oscura y amorfa que al principio me pareció un caballo negro sin ojos. La criatura profirió un relincho ensordecedor y luego procedió a devorar a varios de los cultistas hasta que al final solo quedó el alcalde. “¡Oh! ¡Gran Altazor, te hemos liberado para que restablezcas el orden en esta, la tierra de Colón!” le imploró este último. Tras escuchar las súplicas, la criatura devoró la cabeza del hombre y luego con una de sus patas dibujó una figura sobre una pared de la cripta. Sorprendido, vi cómo se abría una especie de portal luminoso por el cual cruzó la entidad. En ese momento, no sé si fue mi falta de cordura o mi tozudez, me decidí a atravesar aquel umbral. 

Cuando abrí los ojos me encontré de repente al interior de lo que parecía ser una iglesia. No muy lejos pude ver como la criatura había adoptado la forma de un hombre y estaba abriendo las puertas de aquel lugar para encaminarse al exterior. Antes de irse me dirigió una mirada que me invitaba a seguirlo y así lo hice. Inmensa fue mi sorpresa cuando al salir pude identificar que estaba en la esquina de la carrera séptima con avenida Jiménez, ¡En el corazón de mi natal Bogotá! ¡Había recorrido más de 900 kilómetros en menos de un segundo! Me sentía muy confundido, pero aun así traté de buscar entre los transeúntes al demonio. Cuando al fin lo logré reconocerlo vi cómo se acercaba a un hombre menudo que iba caminando por la acera en la esquina de enfrente. El hombre se asustó, pues al igual que yo, reconoció que aquella figura no era de este mundo. Luego escuché una explosión. Me acerqué corriendo, pero ya era muy tarde, el hombre yacía tendido en el suelo en medio de un charco de sangre. Miré a mi alrededor buscando a la criatura, pero fue en vano. Se empezó a formar una gran algarabía en aquella esquina y fue ahí cuando entendí cuál era el objetivo de Altazor: restablecer el orden al imponer el caos. Las gentes empezaron a vociferar a mi alrededor, se miraban unos a otros en busca del asesino, hasta que una mujer gritó: ¡Lo mataron! ¡Mataron a Gaitán!”

Autor Joan López

*Este texto se crea para el evento narrativo Roloctubre de Rol en Casa. Por favor no reproducirlo ni copiarlo, es una creación original de un miembro de la comunidad.

Juego y narro rol hace más de 20 años. Creé la comunidad de #RolEnCasa para generar espacios de rol virtuales y presenciales, para novatos y veteranos, sin importar el lugar. Un pequeño universo rolero en el que todos podemos aportar mucho.