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#RolEnCasa

Roloctubre 2021 – Relato participante “El Grimorio del Pórtico Negro”

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Roloctubre es un evento narrativo de Rol en Casa. Hay dos formas de participación: en narrativa escrita y en narrativa oral (en video). El plazo de inscripción es hasta el 15 de octubre del 2021.

Este es un relato enviado para participar. Te invito a leerlo por completo, pues es parte de la narrativa de la comunidad. Si te gusta, comparte el artículo en tus redes o déjame un comentario donde lo hayas visto publicado.

¡Espero también participes!

El Grimorio del Pórtico Negro – Relato de Roloctubre

La indescifrable silueta de Kurt Wilheim apenas se distinguió en la noche brumosa de la ciudad frente a los restos de la catedral gótica incendiada hace muchos años atrás. Ahora, quieto frente a aquellas ruinas intentaba recordar cómo se habían sucedido los hechos que lo empujaron a perseguir a aquél ser: la ausencia de su esposa -flamante, esposa- y el consiguiente whisky, mudo ayudante en las horas de desvelo; noches sin sueño donde todo parecía confundirse en extraños pasajes del libro encontrado allí mismo. Hacía días que había estado estudiando el extraño ejemplar. Había repasado una y otra vez sus páginas, sin embargo no podía recordar ni una sola letra. Tampoco recordaba cuándo habían comenzado a distanciarse, ni por qué.

¿Había perseguido una sombra todo este tiempo? Siempre les había impresionado el solemne porte del edificio que parecía nunca haber augurado tal estado de decadencia. Era su refugio y solían recorrerlo juntos, cruzando el pórtico de abisal madera negra que hacía de único e inmemorial guardián. Por eso, tal vez, había decidido buscarla finalmente allí.

Dio un primer paso dentro del lugar dubitativo, tanto como quien se pierde en los laberintos de días borrosos. ¿Qué había sucedido primero? ¿La desaparición de Linda, o el Hallazgo del grimorio? Ya no podía ordenar las secuencias. Su pálido rostro, el de su Linda, lleno de horror. La nave central de la iglesia parecía estirarse y perderse en la oscuridad a medida que avanzaba.

Los pilares, contrafortes y arcos se habían ido desmoronando, como su vida en los últimos días. Se veía abriendo el libro: Ante sus ojos danzaban figuras incoherentes, casi podía oírlas, ¿o era Linda con un grito ahogado, llamando desde algún lugar de su cerebro? No era eso, había algo claro en aquellos días: El enorme contorno encorvado de una criatura imposible, de manos grotescas y rostro deforme desfigurado por llagas, cuya joroba parecía volverlo más amenazante en vez de empequeñecerlo. ¿Linda lo había visto también? Tal vez, huyó por eso.

Kurt avanzó titubeando hasta el crucero del lugar. Intentaba rememorar los pasajes que había leído, acompañado con extrañas velas y objetos inmundos que el texto pedía. Claro que ella se habría sentido turbada ante la escena que se desarrollaba en el sótano. Estaba en una encrucijada: por un lado, todo aquello parecía estar resultando, olor desagradable acompañado de una creciente oscuridad irreal, que podía dar como resultado un hallazgo que cambie todo lo que se daba por sentado sobre la Realidad; por otro, el único remanso que había tenido en su vida, en este preciso momento, corría para perderse para siempre. Su Linda, su sueño de una vida agradable se iban por esas escaleras. Estaba parado ante dos caminos, uno llevaba al altar de la catedral, el otro a los laterales. Recorrió el lugar de manera frenética por un tiempo inestimable. ¿Aquí encontró el grimorio, o perdió a Linda? ¿había realmente huido por el pánico que le causaba todo aquello? o ¿Había intentado el ritual luego de perderla? No podía descifrarlo.

Tal vez si volvía a enterrar el tomo en el sucio hueco de donde lo había sacado, todo podría volver a ser como antes. Lo apretó entre sus manos, aunque extrañamente parecía más pequeño, como las manos de su esposa que había alcanzado a tomar antes de que saliera corriendo de entre los bancos. No le hizo falta mucha fuerza para atraerla hacia sí e intentar un abrazo que podría devolverlos a aquel sueño, que ahora mismo, se les escurría como la luz en las profundidades del alma humana. Pero ese abrazo era ahora imposible, porque la espalda de Linda estaba húmeda, cálida y pegajosa. Un terrible golpe le había rasgado la piel y llegaba tan profundo como podían estar sus pulmones. De aquella garganta ya no salían palabras sino un susurro incomprensible. Tampoco de la de él. Sólo un sonido gutural, lastimero y temible. ¿Qué clase de animal era capaz de hacer eso? ¿Dónde se escondía ahora?  Intentó gritar nuevamente para espantar a la bestia escondida en aquel sitio, pero fue imposible lograr un sonido articulado.

Fue ahí cuando el último destello de claridad pareció cruzar el cerebro atormentado del pobre profesor Kurt, como el rayo que ahora surcaba, enfurecido el cielo cubierto de desquiciadas nubes negras. En ese último pálido reflejo de cordura se fijaron, en una instantánea, el Altar, que ya tenía en frente, en donde había encontrado el demoníaco volumen; Y sobre él, en el charco formado por las gotas de lluvia reciente, donde debería haberse visto reflejado, la figura de un enorme Trol, el mismo que había visto dibujado en aquel pasaje desdichado que había leído.

Autor Facundo Bazán

*Este texto se crea para el evento narrativo Roloctubre de Rol en Casa. Por favor no reproducirlo ni copiarlo, es una creación original de un miembro de la comunidad.